domingo, 10 de febrero de 2008

Una vida nueva...

Solía salir con su inseparable Canon Eos 480 por las calles de Madrid. Le gustaba fotografiar personas, las más variopintas, las menos comunes. Le ayudaba a salir del hastío de la semana.
Odiaba a su jefe, no aguantaba sus continuos cambios de humor, la facilidad con la que escupía improperios por el mero hecho de pagar su nómina.

Se sentó a la sombra de un álamo en el Retiro. Siempre solía encontrar alguien especial a quien fotografiar. Se fijó en un niño que jugaba solo con una peonza. Cusioso, pensó. En los tiempos que corren es extraño ver los juegos de antes.... Pero no, no era lo que buscaba....

Una mujer embarazada de 14 meses a juzgar por su tremenda barriga, un sudamericano que imitaba a Cantinflas a cambio de unos pocos céntimos, una señora vestida de estatua de la liberad haciendo mimo... No, nada valía....

¿Por qué tenía que aguantar a su jefe?. Había estudiado Económas y hecho un MBA, a cambio de 1.400 € al mes a 85 kilómetros de su casa. El horario no estaba mal, pero su jefe era insoportable....

Una anciana se sentó en un banco contiguo y se puso a leer un libro, del que ya le quedaban muy pocas páginas. "Sobre la muerte y los moribundos" de Elizabeth Kubler Ross, alcanzó a leer desde donde estaba. Se fijó en ella durante unos instantes y observó con sorpresa como las lágrimas le empezaban a arrollar por sus arrugadas mejillas.

Disparó tres o cuatro fotos. Las vió y pensó que serían merecedoras de un Pulitzer.
Se acercó a la anciana y se sentó a su lado, sin decir nada, sólo a observar. Ella apuró las últimas páginas del libro llorando como una niña. Cerró el libro y sus ojos al mismo tiempo y así se quedó durante unos minutos con las palmas de la mano posadas sobre el libro anaranjado. Luego se levantó, le dirigió una breve sonrisa y se fue...

Él se quedó un rato sentado en el banco. En un instante decidió dejar el trabajo, empezar nuevamente. No aguantaba más a su jefe. Miró las fotos, nunca había conseguido unas fotos tan perfectas... Antes de levantarse del banco, las borró...

16 comentarios:

Lúcida dijo...

Todos hemos pensado alguna vez en abandonar sabiendo que nos merecemos algo mejor... alguien ha llegado a hacerlo sin que después lo llamen loco?

Irene dijo...

Yo llevo deseando cambiar de vida desde hace un buen puñado de años, y no me atrevo. Tengo la "suerte" de trabajar en lo que estudié, gano un buen sueldo, vivo independizada desde los 26 años(cosa dificil con los tiempos que corren), y sin embargo no estoy conforme con mi vida. Me he planteado muchas veces cambiar mi vida, pero considero que arriesgo demasiado en irme a la aventura y dejarlo todo atrás. Hay quien dice "nunca te arrepientas de lo que has hecho, arrepiéntete de lo que NO has hecho", pero creo que en mi caso me arrepentiré siempre de haber intentado Una vida nueva...

julieta dijo...

Yo llevo cambiando muchos años de vida. Hace mucho tiempo lo pasé fatal en uno de mis múltiples trabajos (el peor de todos, sin duda)aguanté lo que nadie se imaginaría y lo hice por mis circunstancias personales. Después de reunir el valor suficiente, que fue mucho, cogí la puerta y me fui. Es una de las mejores decisiones que tomé en mi vida.Desde ese día me propuse que no iba a tolerar volover a pasar por algo parecido y lo he conseguido. Aunque no me lo pidais, os voy a dar un consejo, nunca permitais que nadie os "machaque" en vuestro trabajo, es lo último que se debe hacer. Necesitamos trabajar, pero hacerlo siempre en unas condiciones óptimas, cuando hay que sacrificarse siempre ha de compensar. Yo he cambiado muchas veces de trabajo y nunca me he arrepentido.Lo mejor que te puede dar un trabajo es "CALIDAD DE VIDA", para mi vale mucho más que otras cosas.
P.D. si alguna vez me han llamado loca, no me ha importado.
Dicen que "el riesgo es éxito"
Un saludo a tod@s.

Anónimo dijo...

La vida es el bien más preciado que cada uno de nosotros tenemos y únicamente nosotros podemos decidir cómo queremos vivirla. Está claro que a medida que crecemos y adquirimos compromisos (laborales, personales, ...), uno se va encontrando con muchas variables, que hacen que esa vida no sea quizás como hubiesemos soñado...pero ahí es donde debemos tomar partido cada uno de nosotros. Si no te gusta algún aspecto de tu vida, debes echarle valor y no ser cobarde, ni conformista, he intentar dar un giro a eso que no te hace felíz.
Puedes intentarlo y salirte bien; o puedes intentarlo y aún así equivocarte... pero por lo menos tendrás la buena sensación de haberlo intentado...si no arriesgas nunca lo sabrás.
Vivan la vida como ustedes quieran, no como quieren los demás.

*Gracias por deleitarnos con estos relatos que tanto dan que pensar...

Blas de Lezo dijo...

Creo que hay fases en estos de la vida. En mi caso he cambiado mucho, pero mucho de empresas en diferentes paises incluso. Llega un momento en que de pronto como San Pablo cayendo del caballo, te das cuenta que el verdadero cambio es darte cuenta que el trabajo es algo por lo que a uno le pagan y todo lo que rebose de ahí es una verdadera pérdida de tiempo.
La parte mas importante del sueldo no es por la cualificación de uno, es por el alquiler del tiempo de uno, tanto el físico como el mental.
Mi consejo es que hagamos que cada minuti valga una pasta, es decir que ocupe poco fisica como mentalenmte para que por muy bajo que sea el sueldo la valoración minuto ocupación sea elevadísima.

Blas

SOMMER dijo...

Alguien sabría decirme qué hecho fue el que hizo que nuestro protagonista amigo decidiera cambiar de vida?

Anónimo dijo...

Creo que lo que suscitó al protagonista a cambiar de vida, de trabajo, fue el sentimiento mostrado por la anciana mientras se "instruía" en el duro arte de morir...Creo que el protagonista en ese momento, empatizó con ella, trasladó su pensamiento unos cuantos años adelante y deseó verse en la última etapa de su vida en paz consigo mismo, en paz con la vida que había elegido...
Esa es mi opinión...

Irene dijo...

Yo pregunto, alguien sabe de qué trata ese libro que leía la anciana? La mujer probablemente lloraba con motivos, al haberse enterado de que ella o algún familiar iba a morir. Y el joven, quizás también conocía el libro; en mi opinión es mejor vivir la vida que deseamos, porque solo tenemos una, antes de tener que prepararnos para la muerte, mirando atrás y viendo que no hemos vivido como hemos querido.

Lúcida dijo...

Yo creo que el protagonista finalmente borra las fotos porque decide seguir con su vida, la acepta tal y como es. Igual que la anciana acepta la muerte. Supongo que yo he visto el lado menos idealizado del relato.

SOMMER dijo...

Ummm interesantes reflexiones.... todas distintas...

puchita dijo...

Comparto con vosotros un artículo que leí hace meses en un periódico precisamente acerca de los jefes destructivos. Se titula "Jefes inhumanos" y es de Javier Sabadell:

"No hace sino un par de semanas, cenaba con un buen amigo de Arrigorriaga y, a los postres, habiendo encendido un habano, que armonizaba en los vapores de un buen brandy, le comenté aquellos de que los vicios matan. Me contestó, para mi estupefacción, que también el estrés es nocivo, y en ninguna cajetillas se advierte de los riesgos de tener un jefe gilipollas.
Aquel comentaio evidenció en mi amigo una cara de derrota realmente preocupante. Le pregunté qué le pasaba. Y me comentó que, desde hacía varios meses, su vida era un infierno. La causa no era otra que el autoritarismo destructivo y lacerante de su jefe. Un "imbécil desquiciado y paranoico" (sic) empeñado en
des-responsabilizar a sus empleados asumiendo todas las decisiones, improvisar por desbordamiento, y crear un clima laboral horrendo porque nunca, para su jefe, se acertaba con las ideas o los proyectos. "Es como Darth Vader: le ves aparecer en la sala de reuniones y se te congela hasta el alma" me contó. "Y no es sino un asalariado más".
Como algo sé de ese tema, y la empresa para la que trabaja es conocida, le comenté que, con toda probabilidad, su jefe se comportaba así porque se había deshumanizado. Seguramente al haber asumido su jefatura como una "unidad de destino en lo universal" hacia la consecución de objetivos e indicadores. Y cuando se confunde ser ejecutivo con creerse en posesión de un conocimiento arcano capaz de sustituir el trabajo de todos los empleados a tu cargo, entonces el proceso se enquista. Y ocurre lo que le ha ocurrido a mi amigo. Ya lo comentaba recientemente un experto en RRHH: muchos ejecutivos se agarran a los modelos de calidad para justificar que sean auténticos cabronazos. Pueden ser excelentes gestores de números, pero no saben dirigir ni tratar a las personas. No tienen talento. Y en el colmo de los despropósitos, incluso les divierte su autoritarismo despiadado.
Aquel momento de la cena me hizo recordar una comida reciente en la cocina de Arzak, invitado por un alto ejecutivo que sí posee un enorme talento para el ejercicio del mando. Éste es un hombre admirable con quien me hubiese gustado granjear una amistad más profunda. Reconocía que ese lenguaje de diagramas, indicadores, tablas y tecnocracia no lo acababa de entender. Y necesitaba rodearse de gente que sí lo dominase. El resultado es obvio. La creciente deshumanización de la gestión empresarial aísla, cada vez más, el talento de quien hace buen uso de las personas y logra que éstas trabajen juntas y en unión ... y felices.
El lunes recibí un correo electrónico de mi amigo. "He dimitido, Javier. Qué paz y qué felicidad siento". Por fortuna, aunque parezca dificilísimo, es muy fácil desentenderse de las personas que destruyen".

Hace meses que este artículo está colgado en la pared de mi despacho, con un doble objetivo: no olvidarme de que mis acciones pueden destruir a alguien y, por supuesto (el día que falte yo, faltará mi mejor amigo) no olvidar que no puedo consentir que nadie me destruya.

puchita dijo...

¿Me podéis explicar cómo puedo asociar una imagen a mi nick?

Anónimo dijo...

....Escuchando a pacientes moribundos todos comprendimos que deberíamos haber actuado de otra manera en el pasado y que podíamos hacerlo mejor en el futuro.
Cada vez llevaba a un enfermo al aula y después lo devolvía a su habitación, su vida me hacía pensar en “una de los millares de luces del vasto firmamento, que brilla durante breves instantes para luego desaparecer en la noche infinita”. Las lecciones enseñadas por cada una de estas personas se resumían en el mismo mensaje:
Vive de tal forma que al mirar hacia atrás no lamentes haber desperdiciado la existencia.
Vive de tal forma que no lamentes las cosas que has hecho ni desees haber actuado de otra manera.
Vive con sinceridad y plenamente.
Vive.

Elisabeth Kubler Ross

Miró a la anciana, reflexiono, pensó lo mismo que Elisabeth Kubler y decidió no seguir desperdiciando su vida.
Tendré que suponer que del trabajo del protagonista solo dependía el, porque cuando de tu trabajo dependen personas y personitas,no es tan fácil.

Africa

SOMMER dijo...

Espléndido artículo Puchita. Muchas gracias por él.
Creo que todos, en mayor o menor medida debemos aprender de él.

Con respecto a tu imagen, decirte que únicamente los que tienen un blog pueden añadir una imagen a su nick.

Anímate pues....

SOMMER dijo...

Queridos amigos:
No soy buen escritor.

Digo esto porque de mi relao lo único que parece haber calado es la idea de que nuestro protagonista decide cambiar de vida por no aguantar a su jefe, cuando lo que pretendía era trasladar la idea que ha captado perfectamente Africa.

Gracias Africa, la idea que pretendía transmitir es precisamente esa: vive plenamente. Vive. No desperdicies ni un minuto de tu vida.... Vive...

SOMMER dijo...

Por cierto, para los que no la conozcan, os recomiendo a Elisabeth Kubler Ross. Médico Psiquiatra que dedicó su vida a ejercer de profesora en la Universidad de Chicago y al cuidado de los enfermos terminales.

El libro "Sobre la muerte y los moribundos" es uno de esos libros que marcan y que te hacen pensar, recapacitar, corregir y sobre todo, vivir...