domingo, 13 de abril de 2008

No hay nada mejor

- Que quitarse las botas después de un largo día de esquí.
- Que encontrar un W.C. cuando tu vejiga estalla de ganas de hacer pis.
- Que bañarse desnudo en el mar.
- Que un orgasmo matutino.
- Que una ópera al aire libre.

No hay nada mejor que...

miércoles, 9 de abril de 2008

Demasiado dura

Andaba yo con la bandeja del desayuno en la mano buscando una mesa para sentarme cuando a mis oídos llegó una conversación entre dos médicos varones:

- Hoy me levanté con ella muy dura.
- ¿Y tu mujer no te hizo caso?

Claro, yo que andaba todavía un poco legañoso, pues la noche no había sido del todo reparadora, desperté al instante y evidentemente, pedí acomodo a su lado, habida cuenta que la conversación era, a todas luces, prometedora.

- Hola Sommer. Sí claro, siéntate.

Y siguieron con su conversación:

- Pues es que me acosté con ella normal, mi mujer me la tocó y me dijo que estaba como siempre, pero al levantarme, joder, estaba durísima.

- Tienes que dejar que la vea, no puede ser normal que la tengas tan dura.

Yo por aquel entonces, había zampado el bocadillo de pollo sin demostrar interés por la conversación, aunque de soslayo buscaba encontrar en sus gestos algún atisbo de pulcritud. Pero la naturalidad con la que lo contaban rallaba lo absurdo.

- Si, mejor me echas un vistazo a ver que te parece. Pero no te asustes si la ves demasiado grande.
- Venga pues luego pásate por la consulta al final de la mañana, que ya estaré más tranquilo. Tengo interés en verla.

Así dieron por terminada la conversación y empezaron otra trivial sobre los Dolomitas a la que me uní, con voz aún un poco temblorosa.

Al día siguiente entró uno de ellos a mi despacho, cerro la puerta y con voz solemne dijo:
- Sommer, tengo que cerrar consultas. Al final me tengo que operar de la Hernia.

No pude remediar soltar una carcajada, que fue difícil de explicar posteriormente.

sábado, 5 de abril de 2008

Sebastian Romero (3)

Hace días que no duermo bien. El sábado me levanté a las dos de la madrugada con ganas de leer un rato, así que me fui al Bob Hornest un pub que hay debajo de mi casa a releer a mi querida Anna Karénina de Tolstoi. Me senté en una mesa que, curiosamente, estaba vacía, aunque el pub estaba a reventar de gente fumando, bebiendo y bailando sin parar. Parece ser que era la fiesta de no se que marca de wisky.
No se por qué extraña razón cuando estoy rodeado de humo y de gente y el ruido es ensordecedor mi grado de concentración aumenta exponencialmente. Tolstoi se merece eso y más.
Me propuse leer por séptima vez el libro y empecé con entusiasmo.El comienzo no puede ser mejor: “Las familias felices son todas iguales: las infelices lo son cada una a su manera.” Me encanta Anna Karenina yo creo que porque me siento identificado con alguno de sus personajes. Sobre todo con la paranoia mental de Levin, ese individuo que teniendo lo que muchos ansían, busca la felicidad sin encontrarla.

Estaba enfrascado de lleno en la lectura cuando me atacó un espécimen a caballo entre un búfalo y un oso hormiguero. De su cuerpo lo único destacable era lo mal posicionados que estaban todos sus apéndices. La nariz era de boxeador retirado. Las tetas le golpeaban las rodillas y su culo era chato. Estaba maquillada de manera horrenda, llevaba una falda corta que dejaba asomar dos piernas gordas y cortas con unos gemelos que para si los quisiese Pantani. Se acercó a mi y su rancia halitosis de alcohol y tabaco me hizo retroceder en mi silla.

- Deja de perder el tiempo leyendo y ven a divertirte con nosotros – me dijo enseñando los pocos dientes que tenía sanos y señalando a dos seres parecidos a dos hombres que, observándonos, nos saludaban en la distancia.

Los hombres, uno delgado y pequeño, borracho como una cuba, con un pitillo apagado en los labios y el otro un poco más alto pero igualmente borracho parecían disputarse el trofeo, que en un principio era morrearse con la susodicha y cuyo final prefería no imaginar, a riesgo de vomitar allí mismo.

- Haga usted el favor de dejarme en paz y lárguese a la ciénaga de la que nunca debió salir- la espanté de un bufido.

No pude concentrarme más en el puto libro, así que me fui del pub. Una vez en la cama recordé la frase de Tolstoi: Esos tres personajes eran unos seres infelices, a su manera, pero lo eran. Lo más desconcertante de todo, es que yo no encontré ningún motivo en mi existencia que indicara que mi vida era más feliz que la de ellos.

martes, 1 de abril de 2008

Iron man

Iron Man es una prueba para gente a la que le gustan los retos. Consiste en una exigente prueba física sólo al alcance de los hombres más fuertes del mundo, capaces de soportar no sólo el desgaste físico, sino psíquico.
Terminar un Iron Man es para gente de otro planeta.

La prueba esta compuesta de tres partes comenzando casi siempre al amanecer:
1.- Nadar en el mar, o lago un tramo de 4 kms (con el frío de la mañana).
2.- Salir de nadar y tomar la bicicleta de ruta y recorrer un trayecto de 180kms ininterrumpidos, con subidas y bajadas muy pesadas.
3.- Terminando la ruta de bicicleta, se termina la prueba con un maratón de 42.5 kms, lo cual es una prueba extremadamente agotadora tanto física pero primordialmente psíquica.

Esta historia trata de un Iron Man Australiano que llevaba años haciendo la prueba y cuyo único sueño era hacerla al lado de su hijo. Cuando éste nació lo hizo con una parálisis cerebral, lo que no fue impedimento para que su padre cumpliera su sueño, eso si, después de muchos años de entrenamiento.

El que sea capaz de ver este video sin que se le pongan los pelos de punta, que me mande un correo....





Este hombre de 60 años terminó el Iron Man con su hijo en brazos después de más de 17 horas de esfuerzo. El ganador (aunque sólo sea como anécdota, lo hizo en poco más de 8 horas).

Está claro que después de esto uno se siente un completo inutil, un patán, un ser insignificante comparado con semejante ser humano. Allá donde esté mi admiración, mi fascinación y mi respeto.